lunes, 12 de marzo de 2012

Las obsesiones del presidente - por arturo durán 12/03/2012

Invitado al programa Tolerancia Cero del canal ChileVisión el Presidente Piñera insistió sobre el hecho de que en Chile existirían personas y grupos interesados en incendiar el país con tal de provocar el mayor daño a su gobierno. Conspirarían desde las sombras y si bién se cuidó de indentificarlos señaló que éstos estarían sin embargo perfectamente identificados.

No se trata de una piñericosa más. El convencimiento presidencial de que grupos conspirativos incendian nuestro país o que complotan para dañar al gobierno genera un dilema que merece esclarecimiento previo en cuanto a su contenido de realidad. Porque a partir del sólo imaginario presidencial más de algún ciudadano real podría ver sus derechos transgredidos en un país en el que los derechos individuales no están realmente protegidos frente al poder como en el mundo anglosajón.

La obsesión presidencial en estas cosas no es nueva. Antes de ser elegido Presidente, tras un viaje a Colombia con su amigo senador Espina en el cual observó brevemente el conflicto con las FARC en compañía del entonces Ministro de Defensa hoy presidente Juan Manuel Santos, Sebastián Piñera daba a entender que la situación de El Guaviare mostraba similitud con nuestra Araucanía - sugiriendo un fantasma tipo FARC en tierras mapuches - un imaginario que luego bien pudo haber marcado la mirada presidencial hacia aquella prolongada huelga de hambre de comuneros mapuches detenidos bajo la ley antiterrorista.

Si el imaginario presidencial da paso a medidas, más de un fiscal ambicioso puede también imaginar cosas y detener personas reales - como aquel que imprudentemente ordenó una detención masiva de okupas y anarquistas acusándolos en ‘el caso bombas’: fueron puestos en libertad tras meses de prisión preventiva. El fiscal sin embargo fue compensando con un trabajo en el Ministerio del Interior - una clara señal de cómo aplicar estándares administrativos en caso de malas prácticas institucionales funcionales a políticas de seguridad.

En Chile por lo menos, Presidente Piñera, no existen tales cosas. Existen incendio reales, generados por accidente o por pirómanos. Y estas sequías y su falta de agua. Pero no existen personas o grupos que deseen incendiar el país, tampoco para dañarlo a Ud. El riesgo sin embargo es que más de alguien comparta dicha obsesión y decida dar caza real a dichos grupos imaginarios y que cómo en las ficciones de nuestro admirado Borges genere de esa manera incomprensibles tragedias humanas reales.

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